WSOP 2010: Season Final: Day 49,50 y 51.

Amazon Room, 21h04. Quedan 15 jugadores  en el Main Event. Solo dos mesas aun activas, sobre las centenas que estaban en marcha hace dos semanas. La final parece cercana y por lo tanto la conclusión de mi verano en Las Vegas. La acción es bastante loca. Antes de la cena, un jugador llamado Filipo Candio  jugo un bote de 200 ciegas, pagando la totalidad  de su stack con un 7 y un 5 en un flop 6-6-5. Su oponente enseño una pareja de ases claramente favorita. El turn: un 8. El river: un 4. Escalera para en italiano chiflado, que se apodera del chip-lead tras un golpe de suerte extraordinario. Cada año, el Main Event nos ofrece momentos como ese, idas de olla, jugadas dignas de un freeroll online, y también es por eso que me gusta tanto ese torneo. Se ven pros curtidos ceder bajo la presión, aficionados vivir cuentos de hadas. Se ven short-stacks regresar de la nada para propulsarse hacia lo más alto de la clasificación. Se ven chip-leaders destrozados en un santiamén. Nada está decidido con antelación, recordándonos que el poker es un poco de talento, y mucho azar. Es un juego cruel, ingrato, privado de justicia, donde a veces la suerte nos sonríe. Un poco como la vida.

La partida había vuelto a empezar desde hace unos diez minutos cuando, de repente, decenas de personas irrumpieron en el Amazon Room, corriendo hacia las gradas colocadas alrededor de las mesas. Un espectáculo sorprendente. Durante unos segundos tuve un “flasback” del EPT de Berlin, antes de darme cuenta que era solo el publico que habían dejar entrar. Turistas, fans, curiosos, los que no hacen parte de la familia y de los amigos quienes pueden entrar en la sala desde el reinicio del torneo. Los otros deben esperar fueran a que se les abra la puerta, antes de precipitarse para tratar de conquistar uno de los pocos asientos libres en las gradas.

De paso hay un poco de follón alrededor de las mesas. Algunos espectadores están fuera de control. Hace poco he visto uno de los productores de ESPN regañar el responsable de la seguridad:” Haz tu trabajo, cojones!”. Cuando pasamos a las dos últimos mesas estuvimos a punto de ver como rompían material: los podios estaban invadidos por los espectadores que habían venido a felicitar los jugadores. Con varios millones de dólares de material audiovisual  alrededor de cada mesa, se puede entender que los productores se pusiesen nerviosos. Claro, es que mirar poker a tres metros, en directo, es un poco aburrido. Entonces empiezan a beber, a cantar, a chillar para pasar el rato. El clan Mizrachi es especialmente brillante en ese dominio. No tanto que abusen de las bebidas: pro para ellos la histeria es un estado natural. Son una docena en quedarse atónicos en cuanto Michael gana un bote. Me gusta bastante los Mizrachi, ese aspecto “espíritu de clan, somos solidarios”, pero tengo una reacción epidérmica ante una sección de aficionados demasiado “abnegados”: me pongo instantáneamente en contra del jugador que sostienen.

El Main Event esta acabándose, al menos para este verano, antes de la mesa final de noviembre, y me cuesta mucho encontrar interés en las semifinales. Pero ahora que me lo pienso las semifinales nunca me apasionan demasiado. En realidad casi nunca he hecho el seguimiento en estos cinco últimos años exceptuando en 2009 con la presencia en las tres últimas mesas de Ludovic Lacay, Antoine Saout, François Balmigère y Phil Ivey. Había corrido por todas partes durante doce horas, y concluido casi cincuenta días consecutivos de trabajo con el sentimiento del deber cumplido, contento de asistir a una jornada memorable. Esta noche me siento bastante distante de todo este follón. Me sobraron las decepciones estos dos últimos días. La mayoría de los jugadores que había seleccionado para mi mesa final de ensueño se han marchado. Los franceses?  Ya no queda ninguno. Mi ídolo David Benyamine? Se echo a volar. Los escandinavos? Johnny Lodden, William Thorson, Theo Jorgensen ? evaporados. Alexander Kostritsyn, Phil Galfon, Gualter Salles, al que le apareció la virgen y que remontó con tan solo una ficha? Desaparecidos.

Es mi quinto Main Event y cada experiencia fue diferente de la anterior. En 2006 tenía los ojos brillantes de un crio la noche de Reyes ante el espectáculo en la mesa final dominada de punta a punta por Jaimie Gold. Solo había realmente prestado atención a la partida durante la primera y última horas (los momentos los mas importantes cuando te lo piensas), pero había sido bastante para hacerme sentir feliz. El siguiente año fue con emoción que habíamos escuchado Jerry Yang narrar la historia de su vida en el micro de Norman Chad,el comentador de ESPN: la infancia herida por el régimen comunista de Laos, la fuga, los arrestos,los campos de prisioneros, y después la huida milagrosa hacia Estados Unidos. Para Yang el sueño americano fue una realidad que determino toda su vida, y que son los campeonatos del mundo si no la versión moderna del sueño americano? En 2008, Harrah´s tomo la decisión controvertida de aplazar la mesa de final de tres meses, y no volví a Las Vegas para asistir a la victoria de Peter Easgate. En realidad, lo había dejado mucho antes: las prestaciones de los franceses fueron desastrosas, con cero galo en el Top 100.Y hubo 2009. El año mágico, donde el suspense se mantuvo hasta el último minuto: Mi amigo Ludovic Lacay en semifinales, el extraterrestre Phil Yvey, un Antoine Saout transcendiéndose,  yendo “más allá” pero víctima de una mala suerte extraordinaria en el último peldaño…Jamás olvidare esos momentos.

¿Y 2010 entonces? No es tan mala cosecha. Las cosas hubieran podido salir mejor, pero, al fin y al cabo he disfrutado del seguimiento del torneo en su globalidad. El Main Event desprende una atmósfera mágica que no se encuentra en ningún otro torneo, sobre todo en la segunda semana, cuando las introducciones ya se acabaron. Me encantan esos botes grandes jugados ante las cámaras, esos jugadores que exultan, esos bad- beats improbables, los cambios o inversiones de situaciones. Me gusta observar con un ojo perverso el baile sórdido de los agentes dando vueltas alrededor de las ultimas  mesas en búsqueda de jugadores que aún no han firmado un contrato con una sala de poker, eso vampiros obsesionados por sus comisiones. Me gusta el entusiasmo del público, cada vez más numeroso a medida que el número de jugadores disminuye.

Creo que con Harper no se nos ha dado demasiado mal. Es solo esta semana que me he dado cuenta y he valorado lo que puede aportar a un reportaje. Bueno, en realidad, ya lo sabía, pero sobre un torneo como el Main Event, su presencia es crucial. No me veo volver a seguir esta prueba solo. El año pasado las había pasado canutas para mantener el reportaje “ en pie” en los últimos días: había demasiado cosas que contar, y falto tiempo para rematar la faena como es debido. Aquí, siendo dos, hemos podido desarrollar las historias (los franceses, las cabezas de serie), incluso encontrar tiempo para redactar noticias breves sobre todos los detalles que nos rodeaban y que también son importantes para sentir y captar el torneo en su conjunto.

Creo que acabamos estos 51 días de reportaje (casi) consecutivos sobre una buena nota, y es importante. Al fin y al cabo lo que la gente recuerda de una historia, creo,  es: la introducción y la conclusión. No siempre fuimos perfectos acerca de todo lo que ocurrió de por medio, pero nos hemos esforzado. No creo encontrar más de cinco personas que hayan pasado más tiempo en el Rio que nosotros entre las centenas de periodistas acreditados para el seguimiento de las WSOP. Dicho esto tendré que analizar en frío todo este curro en  las próximas semanas. No estoy seguro de querer volver a empezar por sexta vez el año que viene: las largas noches en el Amazon Room, la falta de sueño, la inspiración que se agota poco a poco, los nervios, el aburrimiento que llega. Desde un punto de vista humano no es una experiencia que pueda recomendar, pero cada vez la vuelvo a empezar en modo testarudo y monomaniaco. Probablemente ya es hora que todo esto cambie. Quién sabe, quizás en 2011 me conforme con el seguimiento de las dos semanas del Main Event. No lo sé.

El Amazon Room se ha vaciado poco a poco estos últimos días, ofreciendo un testimonio visual del fin de las World Series of Poker. Los hombres del mantenimiento del Rio, han ido limpiando la sala de sus centenas de mesas. Los colegas también se marchan, unos tras otros. Nos despedimos. Hay muchos que no volveré a ver antes del año que viene. Aun quedan un par de noches para disfrutar, una última vez, de sus compañías. Es la paradoja que se plantea en cada uno de mis fines de verano en Las Vegas: es un alivio marcharse, pero también me siento un poco triste.

Un gran vacío me contempla desde la zona de prensa. El mismo que rellena mi cerebro ahora mismo. De verdad que ya es hora que esto se acabe, antes de que se me vaya definitivamente la olla. De verdad que pensé volverme loco estas últimas semanas. Demasiado poker, demasiado trabajo, una vida personal que se va fuera de los raíles…Estuve a punto de dejarlo. Es tan solo en los últimos minutos que he vuelto a encontrar una apariencia de razón. No iré hasta decir que encontré la luz, y no sabría realmente explicar el porqué, pero estoy listo para dejar Vegas con la sonrisa, en paz con mí mismo. Entienda quien pueda.

Tao of Pokerati: el podcast que anime todo el verano con dan Michalsky y Pauly. El best-of aquí.

Benjo.

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